Activistas mexicanos que investigan los llamados Paradise Papers, se proponen rastrear si los implicados, entre los cuales figura el magnate Carlos Slim evadieron impuestos, dijo Raúl Olmos, periodistas mexicano que participó en las pesquisas internacionales.

“Lo que nos toca investigar como una ilegalidad, es si los inversionistas que sacan su dinero de sus países de origen no lo declaran a las autoridades fiscales, porque si no lo reportan con sus respectivos impuestos, significaría una evasión fiscal delictiva”, explica el experto.

Según este investigador del organismo ciudadano Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI) y responsable de ese capítulo de la indagación, “el más destacado de los personajes mexicanos que encontramos en los archivos es Carlos Slim, pero hemos tratado de ser prudentes en no señalar como actos ilícitos las inversiones en paraísos fiscales, no son ilegales”.

En la nueva filtración que desde la primavera pasada analizaba el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ, en inglés), revelada el domingo, el personaje mexicano más notable es el magnate Carlos Slim, que compró en 1990 la privatizada empresa estatal de telefonía mexicana Telmex, para fundar el emporio continental America Movil y convertirse en uno de los hombres más ricos del mundo.

Los empresarios, líderes políticos, deportivos, de medios de comunicación, de la farándula y hasta miembros de casas reales hacen las inversiones en paraísos fiscales “acogiéndose a los beneficios que otorga la ley”.

En la primavera de este año, Olmos se sumó a un equipo de periodistas de México que integraron un grupo de 380 colegas de al menos 70 países, que viajaron en sigilo a la ciudad de Múnich, para analizar la información conseguida por el diario liberal bávaro Süddeutsche Zeitung, del sur de Alemania.

Slim en Bermudas

En el año 2000 Slim trasladó sus inversiones a las islas Bermudas, a más de 1,000 kilómetros de Miami, en sociedad con consorcios que ya tenían experiencias en estos paraísos fiscales, telefónicas de Estados Unidos y Canadá.

“Los inversionistas llevan regularmente su dinero a esos paraísos, por el diseño de la llamada ‘optimización fiscal’ –prosigue Olmos–, que en términos de ingeniería financiera es una forma de elusión del pago de altas tasas de impuestos en sus países de origen”.

El emporio de Slim tuvo su origen en aquella remota isla en el año 2000: creó allí la empresa Telecom Americas Ltd., para expandir su mercado hacia Latinoamérica.

En aquel año, el magnate hizo una alianza con la compañía telefónica canadiense Bell y con la estadounidense SBC Communications.

El objetivo era expandir su mercado de la telefonía móvil entonces incipiente: apenas una de cada 10 personas contaba con un modesto celular en América Latina.

La empresa inició en Bermudas sus operaciones con un capital de 2,500 millones de dólares.

“En la primera gran transacción, la empresa de Slim y Bell de Canadá se repartieron el 88 por ciento de las acciones, mientras que la estadounidense SBC se quedó con el resto”, relató el autor.

La aportación del millonario fue con dinero en efectivo, mientras que sus socios norteamericanos pusieron sus concesiones en telecomunicaciones que poseían en Brasil, Venezuela, Argentina y Colombia.

Dos años después, Slim controló por completo la empresa en Bermudas: compró las acciones de sus socios e incorporó las concesiones telefónicas en esos países hasta convertirse en líder de Latinoamérica, con más de 360 millones de líneas, la mayoría móviles, en 25 naciones, incluidas algunas europeas.

El investigador reseñó que, a la vuelta de los años, “al quedarse con la mayor parte de la empresa, Slim se convirtió en el dueño de una empresa con presencia sólida en Latinoamérica”.

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