Desde hace varios años, algunos científicos esperan un sismo de gran magnitud originado en la brecha de Guerrero. Es que la zona lleva más de un siglo en un ‘gran silencio sísmico’ a pesar de que en esa área se encuentra la subducción (hundimiento) de la Placa de Cocos debajo de la Placa de Norteamérica. Además, el último gran terremoto en la zona se produjo justo en el mismo periodo hace 106 años.

Sería un periodo “lo suficientemente largo, como para hacernos temer que un sismo importante se generará en la región”, señala Raúl Valenzuela, investigador del Instituto de Geofísica (IGf) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

No obstante, los científicos no disponen de datos estadísticos suficientes ni siquiera para determinar si existe algún tipo de intervalos entre los sismos.

“Si existe una brecha en Guerrero, hasta ahora es imposible predecir si ocurrirá un gran sismo en los próximos 10 minutos, 10 años o 100”, añade Valenzuela instando a estar preparados siempre.

Por lo tanto, los sismólogos mexicanos y japoneses se propusieron medir la energía acumulada en la brecha con el fin de estudiar el peligro sísmico.

Se prevé que en noviembre se instalarán unos instrumentos de medición en el fondo del mar y en tierra para estudiar la actividad sísmica en la zona y el movimiento de las placas.

“Con ello sabremos si se acumula energía de deformación en la zona de la brecha y de ser así, a su vez, si hay la suficiente energía acumulada para producir un gran terremoto o no: quizá ese deslizamiento asísmico relaje todo el esfuerzo y el sismo no ocurrirá hasta dentro de mil años, aunque no lo sabemos”, explica Miguel Ángel Santoyo, sismólogo del Instituto de Geofísica, Unidad Michoacán, de la UNAM.

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