Moscú insta a implementar la iniciativa rusa para conseguir la solución de la crisis con Corea del Norte, declaró el Ministerio de Exteriores de Rusia.

La Cancillería expresó en un comunicado su “grave preocupación” por la nueva prueba de misil llevada a cabo por Pyongyang “en violación de las resoluciones correspondientes del Consejo de Seguridad de la ONU”.

“En este contexto llamamos a todas las partes a empezar sin demora a implementar la hoja de ruta rusa para solucionar la crisis coreana”, dice la nota al indicar que de momento no hay “alternativas sensatas” a la iniciativa rusa.

Así, la Cancillería rusa exhorta “a Corea del Norte a suspender las pruebas nucleares y de misiles, y a Estados Unidos y Corea del Sur a abstenerse de realizar los ejercicios aéreos a una escala sin precedentes, programados para inicios de diciembre de este año, que solo caldearán más una situación ya de por sí explosiva”.

El Ministerio de Exteriores ruso señaló que “en el contexto de la constante actividad militar de Estados Unidos y sus aliados en la región, que se desarrolla alrededor de la península de Corea, todos los países involucrados necesitan evitar provocaciones, mostrar contención y no adoptar nuevas medidas que agudicen las tensiones”.

Moscú está convencido de que la única manera de resolver la crisis a largo plazo es “la cooperación política y diplomática, que debe ser energética y persistente”.

El pasado 27 de noviembre el viceministro ruso de Exteriores Ígor Morgúlov esbozó en Seúl una hoja de ruta para resolver la crisis coreana.

La iniciativa consiste en tres fases: la primera incluye una moratoria simultánea sobre el programa norcoreano de misiles y armas nucleares y los ejercicios conjuntos a gran escala de Estados Unidos y Corea del Sur.

La segunda etapa supone iniciar negociaciones directas entre Pyongyang y Washington y entre las dos Coreas.

En el tercer ciclo se prevé comenzar negociaciones multilaterales para crear un mecanismo de paz y seguridad en el noreste de Asia, que posibilitará desnuclearizar la península de Corea y desmilitarizar la región.

Corea del Norte llevó a cabo un nuevo ensayo de misil balístico intercontinental a las 18:18 GMT del 28 de noviembre.

Según Pyongyang, el misil probado es un Hwasong-15, que recorrió unos 950 kilómetros y alcanzó la altitud máxima de 4,375 kilómetros.

El cohete cayó en aguas de la zona económica exclusiva de Japón, a unos 250 kilómetros de la costa de la prefectura de Aomori, sin causar daños.

Pyongyang afirmó que el nuevo misil puede ser dotado de una ojiva nuclear pesada “supergrande”, y es capaz de “impactar cualquier punto en el territorio continental de Estados Unidos”, algo que también admitieron los expertos de Estados Unidos.

El líder norcoreano, Kim Jong-un, quien presenció la prueba, declaró que Corea del Norte consiguió con el nuevo lanzamiento “un éxito histórico al concluir el desarrollo del armamento nuclear del país”.

La evaluación preliminar de los militares de EEUU, Japón y Corea del Sur indica que este misil es más potente que los anteriores.

A pesar de que Pyongyang aseguró que su nueva arma no afectó la seguridad de los países vecinos y se empleará solo para proteger su soberanía y integridad territorial “de la política de chantaje y amenazas nucleares que ejerce Estados Unidos”, Corea del Sur respondió a la provocación con su propio ensayo de misiles.

Por iniciativa de Seúl, Washington y Tokio, para las 00.30 GMT del 30 de noviembre una reunión de emergencia del Consejo de Seguridad de la ONU, que tratará de encontrar una manera de reaccionar a la prueba de Pyongyang, que desafió a las sanciones internacionales y puso fin a más de dos meses de inactividad.

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